Archive of November 2009


Sun 29 Nov

Crecen las voces que cuestionan la nueva ley de propiedad intelectual

fuente: página12

Aunque los músicos no hablaron del tema, desde organizaciones como RedPanal o Wikipedia se critica la medida que extiende los derechos sobre los fonogramas de cincuenta a setenta años. “Va a contramano del progresismo”, señalan.

Por Facundo García

A principios de este año, el hijo de Hugo del Carril pidió que el kirchnerismo se abstuviera de utilizar la versión de la marcha grabada por su padre en 1949 porque consideraba que Kirchner “no era peronista”. Se salió con la suya gracias a un fallo judicial, aunque por entonces las leyes indicaban que ese registro estaba bajo dominio público. El miércoles, en otro capítulo paradójico, los diputados del oficialismo –junto a prácticamente todas las fuerzas políticas del Congreso– aprobaron sobre tablas una modificación a la Ley de Propiedad Intelectual que extiende de cincuenta a setenta años los derechos de intérpretes y productores sobre los fonogramas. Por lo tanto “Hugo junior” será propietario del famoso tema hasta 2019: habrá que pedirle autorización o pagarle para poder pasarlo. Y el dato indignará a algunos o arrancará sonrisas irónicas en otros, pero lo cierto es que representa sólo la arista más vistosa de una medida que varios sectores no han dudado en cuestionar muy duramente.

¿Y qué es un fonograma? Es una “fijación de sonido en soportes que permiten su reproducción”; es decir, en un disco, una cinta, un CD, etcétera. La flamante normativa –que pasó por la Cámara baja y el Senado con la fugacidad de una semicorchea– provocará que esos materiales, en lugar de liberarse al cumplir medio siglo de existencia, permanezcan dos décadas más en el ámbito privado. Entre los trabajos afectados hay joyas de Aníbal Troilo, Edmundo Rivero y Atahualpa Yupanqui, entre otros. ¿Los motivos? En la argumentación de los senadores Miguel Angel Pichetto (FPV Río Negro), José Pampuro (FPV Buenos Aires), Ernesto Sanz (UCR Mendoza), Pedro Guastavino (FPV Entre Ríos) y Liliana Fellner (FPV Jujuy) se explicita que “la producción cultural musical y nacional de los ’40 y los ’50 se encuentran seriamente amenazadas (sic) en los actuales términos de protección”. Por ende, la posibilidad de que cualquiera copie, distribuya o reutilice ese acervo es interpretada como el peor de los males. En respuesta varios referentes del movimiento por la Cultura Libre redactaron una carta en la que se acusa a los legisladores de estar entendiendo la propiedad común como “tierra de nadie” cuando en realidad es “el espacio donde no se puede impedir a otros el acceso a la cultura, independientemente de que se pueda pagar o no por ella”.

Desde luego, los que defienden la nueva ley 11.723 no les llevan el apunte a esos “detalles”. Es más: aseguran que ayudará a los artistas. Si se mira con cuidado, sin embargo, resulta evidente que quienes sacarán mayores dividendos a partir del cambio van a ser las grandes compañías. El diputado Eduardo Macaluse, del Espacio Solidaridad e Igualdad (SI), integró junto a su compañera de banca María América González y a Ariel Osvaldo Pasini (FPV) el solitario trío que se opuso a los 139 votos por la positiva. El parlamentario subrayó que “la propiedad intelectual debe servir para defender al artista y su familia, pero esta prórroga significa que el pueblo deberá asumir un costo adicional por acceder a esos bienes”. “Encima, buena parte de los intérpretes aludidos no percibirá ningún beneficio. ¿Qué beneficio van a percibir, si después de setenta años la gran mayoría ya falleció?”

El artículo que se insertó estipula además que los fonogramas que hoy se encuentran en el dominio público sin que hayan transcurrido setenta años desde su publicación “volverán automáticamente al dominio privado por el espacio que reste”. Con esto no sólo se “privatiza” un corpus enorme, sino que se pone bajo la lupa a un amplio conjunto de canciones donde se incluyeron o recombinaron registros viejos, como sucede en los remixes. Nada de esto pareció alterar mucho al gremio artístico, que en general mantuvo un silencio cercano al consentimiento. En contraste, Matías Lennie –director del proyecto de música colaborativa RedPanal– observó que lo que se está haciendo es negar la nueva época. “Si creaste un tema utilizando trozos de una zamba que ya tenía más de cincuenta años, desde ahora vas a tener que pagar regalías al ‘dueño’, o guardar eso que hiciste en el placard –afirmó–. Por otro lado, las discográficas dicen proteger la cultura pero en lo concreto pretenden quedarse con las ganancias potenciales de los fonogramas. Ya hemos visto que si evalúan que no es negocio reeditarlos, se los encanutan. ¿Quién nos garantiza que vayan a sacar los discos del Cuchi Leguizamón si eso no les reporta ganancias?”

En cuanto a la “marchita” –cuyo estribillo, dicho sea de paso, se basa en un motivo anónimo que usaban las murgas–, aún se puede escucharla en Wikipedia ingresando a http://es.wikime dia.org/wiki/Marcha_Peronista. Hay que apurarse, dado que en pocos días ya no estará. Y lo mismo ocurrirá con otros audios, ya que numerosísimas grabaciones que estaban publicadas gratuitamente y con fines educativos deberán ser retiradas para no caer en la ilegalidad. Wikimedia Argentina, el organismo que patrocina a la enciclopedia online, salió al cruce a través de su presidente, Patricio Lorente: “Esta es una medida reaccionaria que sólo favorece a intermediarios de la cultura –recalcó el directivo–. Por ejemplo, a Sony, que lanzará al mercado una reedición del primer disco de Mercedes Sosa, La voz de la zafra (de 1961), aprovechando la consternación popular que ha provocado su fallecimiento como principal argumento de marketing”. Lorente también se despachó contra el oficialismo, que habría sido el impulsor de la medida: “Esta extensión de los monopolios de explotación de la cultura y el arte va a contramano de todo discurso progresista y contradice todos los conceptos que fundamentaron la reciente movida del ‘fútbol para todos’”, señaló.


Thu 26 Nov

Disponible Inkscape 0.47

fuente: alcancelibre

Los amantes de Inkscape, un magnífico editor para gráficos vectoriales, se alegrarán de saber que, luego de un año de desarrollo, ha sido publicada la versión 0.47. De entre las novedades, se puede mencionar una mejora sustancial en el desempeño y toneladas de nuevas funciones.

las nuevas funcionalidades incluyen auto-guardado basado sobre tiempo (similar al de gEdit), herramienta de borrado, nuevos modos en la herramienta de ajustes, opciones desprendibles de la barra de herramientas y mayores capacidades para desprender elementos, nuevos efectos, más de 200 filtros SVG, nueva función de exportar en formato PS y EPS basada sobre Cairo, corrector ortográfico, muchas nuevas extensiones, opciones de código SVG optimizadas, y mucho más.

Hay también centenares de correcciones de errores. Conviene darle un vistazo a las notas del lanzamiento para más información acerca de que es lo que ha cambiado, y se pueden disfrutar las nuevas capturas de pantalla que se han dispuesto en Inkscape.org. Quien quiera compilar desde el código fuente, puede descargarlo desde este enlace. Hay binarios disponibles para Windows y Mac OS X.

El día que los peronistas reprivatizaron la marcha peronista

fuente: derechoaleer

"La grabé por convicción y por pedido expreso del general Perón, aún sabiendo que sería más recordado por la marchita que por los tangos que he grabado"

Hugo del Carril

En 1949 Hugo del Carril grabó la versión más famosa de la Marcha Peronista. Si bien hay desacuerdos sobre su verdadera autoría, la marcha figura como de autor anónimo. Esta circunstancia, junto con el tiempo transcurrido desde la grabación (50 años), colocan este registro completamente dentro del dominio público desde el año 2000. "Los muchachos peronistas" de Hugo del Carril, podía ser distribuída, difundida y copiada libremente, y por eso la encontramos alojada, en el repositorio multimedia de Wikipedia, que sólo puede albergar obras libres o en dominio público.

Aprovechemos a escucharla, mientras podamos...

Poder indebido

Hace unos meses hubo cierta controversia, con idas y vueltas por tribunales, sobre el uso de la marchita por parte de las distintas corrientes internas del peronismo. El hijo de Hugo del Carril, al parecer ferviente anti-kirchnerista reclamaba su "derecho" a que esa versión de la marcha cantada por su padre, no fuese usada en aquellos actos políticos, que a Huguito no le cayeran simpáticos.

Insólita arbitrariedad, que en su momento comentaban en Vía Libre: "nos aporta una instancia que merece figurar en un manual acerca de por qué los derechos de autor y derechos conexos deben ser estrictamente limitados: el Sr. Hugo del Carril (h) parece estar convencido de que su carácter de heredero del emblemático intérprete de la Marcha Peronista le otorga el derecho de decidir quién es «suficientemente peronista» como para usar esa versión de la marcha, y quién no.

Pero más insólito fue el fallo del juzgado electoral de Servini de Cubría, que si bien autorizó a todos los frentes justicialistas a usar los símbolos de la liturgia peronista, le prohibió al kirchnerismo usar dicha clásica versión de este himno popular, por usufructuar indebidamente de la canción cuyos derechos comerciales están bajo propiedad de su familia (?). Luego, para terminar de undirse en las misteriosas arenas legales de la propiedad intelectual, un terreno evidentemente inexplorado para la mayoría de los jueces y abogados, la jueza manifestó que el PJ podrá utilizar la grabación si paga los derechos ya que se trata de «un tema comercial» (de un disco de 1949??).

El dia de la deslealtad peronista

"La marcha la canta el pueblo", sostuvo el entonces candidato a diputado Néstor Kirchner. Sin embargo ayer, 25 de noviembre, el kirchnerismo, a instancias del propio ex-presidente, acaba de quitársela al dominio público de ese mismo pueblo que la canta, al aprobar el nefasto proyecto de ley (s3030/09) que reprivatiza por 20 años más los derechos sobre los fonogramas, incluso los que ya son públicos. Entonces habrá que esperar hasta 2020, para que la marchita de Don Hugo, pueda ser libremente apropiada por el pueblo.

Sutiles mecanismos de presión y desinformación ante los legisladores han surtido efecto: la voz de los artistas. Aunque no se aclara nunca, sólo se trata de la reducida elite de intérpretes famosos, (o herederos de intérpretes famosos), que son los pocos que ganan con las regalías y tienen intereses en común con las multinacionales discográficas. Los muchos, los interpretes desconocidos o no tanto, viven de su trabajo, como todos nosotros.

Esta claudicación de los diputados y senadores ante el lobby de las discográficas es una auténtica entrega de un patrimonio popular: muchas de las interpretaciones convertidas en clásicos de las décadas del 40 y 50, de nuevo a la explotación privada.

Sony Music relanza "La voz de la zafra"

Curiosamente, Sony acaba de reeditar el disco debut de Mercedes Sosa, "La voz de la zafra", aquella grabación amenazada por la tierra de nadie de lo público, mencionada en el proyecto.

Aclaremos que esto no implica que la multinacional Sony no pudiese relanzarlo igual, sólo que con el fonograma en dominio público, algún hipotético sello de la competencia podría hipotéticamente editarlo también, (a partir de alguna vieja copia, porque los masters originales supongo que estarán bien guardados) y rasguñarle algunas marginales monedas del negocio a Sony Music Entertainment.

Tampoco las copias que circulan por las redes P2P dejarán de circular (aunque con la amenaza permanente de convertirnos a todos en Horacio Potel), ni tampoco los herederos de la intérprete serán afectados económicamente (habiendo numerosísimas grabaciones mas recientes para cobrar regalías).

Sin embargo, otros que trabajan voluntariamente en ordenar y poner a disposición pública todas estas obras que pertenecían al patrimonio común, deberán tomarse el trabajo de retirar el material arrebatado al dominio público por la nueva ley, "Primero nos tomamos el trabajo de ponerlos a disposición pública y ahora tendremos que trabajar para retirarlos" decía Patricio Lorente de Wikimedia Argentina, sobre los materiales actualmente subidos a Wikipedia que deberán ser retirados, para evitar las funestas demandas legales.

Adiós al uso libre de la marcha...

Finalmente el kirchnerismo, hace meses víctima de la arbitrariedad de los derechos conexos de los intérpretes —y de insólitas interpretaciones judiciales— termina impulsando y aprobando una ley, que entrega a la explotación privada de las discográficas un patrimonio que ya era público, y nada menos que la Marcha Peronista de Hugo de Carril, por varios años más hasta 2020.

Toda una paradoja peronista...


Wed 25 Nov

¿Setenta años no es nada?

fuente: pagina12

Diputados aprobaría hoy la extensión de los derechos sobre fonogramas.

En tiempo record y casi sin debate público, los legisladores le darían sanción al proyecto que busca modificar la ley 11.723. La industria discográfica apoya la medida, mientras que varias organizaciones convocan a movilizarse en contra.

“Mi pueblo la canta siempre/ como si fuera una ausencia/ la cara hundida en el pecho/ hasta mirarse la pena.” La voz de Mercedes Sosa soltaba esos versos en la “Zamba de los humildes”, tema incluido en un disco de 1961, La voz de la zafra, que pronto estaría en condiciones de pasar al dominio público. Pero la ilusión puede durar poco, porque en tiempo record y sin demasiado debate previo, la Cámara de Diputados espera aprobar hoy el proyecto S3030/09, que busca modificar la ley 11.723 y extender en veinte años más los derechos sobre fonogramas para intérpretes y productores de la industria musical. De concretarse el cambio, que ya tuvo el visto bueno del Senado, deberán transcurrir siete décadas después de publicada una interpretación para que pase a ser propiedad de toda la sociedad.

A favor de la iniciativa que impulsaron los legisladores Miguel A. Pichetto (FPV Río Negro), José Pampuro (FPV Buenos Aires), Ernesto Sanz (UCR Mendoza), Pedro Guastavino (FPV Entre Ríos) y Liliana Fellner (FPV Jujuy) se alinearon unos cuantos popes de la música, acompañados por las principales empresas del ramo. Entre los argumentos del texto que se someterá a votación se menciona el “peligro” de que obras de los años ’40 y ’50 pasen a formar parte del capital común.

En respuesta, una constelación de organizaciones ha salido al cruce con una carta en la que asegura que, en quienes pretenden la aprobación de la norma, “subyace la idea de que el dominio público es tierra de nadie”. “Lamentablemente, en ninguna parte de sus argumentaciones los interesados en esta extensión dicen que es, en verdad, el acervo cultural de nuestra Nación; aquel espacio donde ya nadie puede impedir a otros el acceso a la cultura, y es, en definitiva, donde vivirá la memoria de nuestros artistas nacionales para el goce y disfrute de las generaciones que nos sigan.” El comunicado insiste en que “el dominio público no es tierra de nadie. Allí no se pierden los derechos morales de los artistas, no se pierde su nombre ni su reconocimiento (...). Es donde está la cultura en forma plena y a libre disposición, sin importar quién pueda o no pagar por ella”. En la lista de firmantes está la Fundación Vía Libre, la Asociación Civil Gleducar, RedPanal y la Cooperativa de Trabajo en Tecnologías de la Información y el Conocimiento (Cottic), entre otros.

Actualmente, los derechos sobre fonogramas son de 50 años, en sintonía con lo que recomiendan los acuerdos internacionales de la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Lo que ocurre es que la concentrada industria discográfica local –representada por Capif, Sadaic y AADI– y algunos herederos de derechos de intérpretes ven con malos ojos la pérdida de su potestad sobre productos que podrían seguir generando dividendos, aun cuando los artistas que los crearon ya no estén. Por otra parte, llama poderosamente la atención la velocidad record con que se ha motorizado el pedido. Es más: al ser consultados por este diario, varios especialistas convocaron a la movilización y expresaron su sorpresa ante la novedad, destacando que Brasil está evaluando modificar sus regulaciones justamente en sentido contrario.


Tue 24 Nov

No hace falta permiso para ser libre

fuente: beatrizbusaniche

Este artículo fue publicado en el Diario Página 12, en su edición del lunes 23 de noviembre de 2009.

Por Facundo García

Ya no se trata de un evento que atraiga a fanáticos de la tecnología. Este fin de semana, por la sede de la calle Lambaré pasaron toda clase de personas interesadas en salir del corsé de pensamientos predigeridos sobre la circulación de cultura.

La educación tradicional se basa en el miedo. Miedo a la jerarquía. Miedo a pensar lo que no esté programado. Y sobre todo, miedo a equivocarse. Por segundo año consecutivo, el Festival Fábrica de Fallas –que se desarrolló durante el fin de semana en FM La Tribu– embistió contra esas concepciones y, de paso, empezó a resquebrajar aquello de que “Cultura libre” es una consigna que sólo seduce a los fanáticos de la tecnología. Junto a los ya reconocibles programadores que defienden el copyleft estuvieron varios representantes de los pueblos originarios, organizaciones campesinas y hasta conferencistas espontáneos que se animaron a tocar temas como el amor libre. Los piratas, parece, están por todas partes.

En ese sentido, se insistió en que los temas de propiedad intelectual abarcan un campo que trasciende por mucho la comercialización de canciones de Shakira o la descarga de películas de Disney. Se advirtió, por ejemplo, que esta semana podría aprobarse el Proyecto de Ley (S3030/09), que pretende extender por otros 20 años –pasando de cinco a siete décadas– la propiedad de las discográficas sobre las interpretaciones o ejecuciones fijadas en fonogramas, considerando que “la producción cultural musical y nacional de las décadas del ’40 y del ’50 se encuentran seriamente amenazadas (sic)” por la posibilidad de caer en el dominio público. “Vale decir, como mínimo, que muchos artistas fallecidos, como Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui, difícilmente se vean perjudicados por la difusión de su obra”, ironizó la analista Beatriz Busaniche.

Fábrica de Fallas, no obstante, dejó fluir los análisis más allá de esos ejes ya clásicos. La Cooperativa de programadores Gcoop (www.gcoop.com.ar) y la red independiente Buenos Aires libre (www.buenosaireslibre.org) ofrecieron tácticas para “ganar autonomía” a partir del uso de tecnologías alternativas y soft libre. Por otro lado, el matemático Enrique Chaparro abrió la polémica al plantear que “lo que se pone en juego” cuando se discute la privatización de datos es, en última instancia, el avance de corporaciones sobre cuestiones como la biotecnología aplicada a humanos. Desde su perspectiva, si el cuerpo es administrado como una serie de informaciones “privatizables”, se podría llegar a “la forma más perfecta de control –que sería también la más invisible–: la silenciosa intervención genética sobre poblaciones”, advirtió. Suena a ciencia ficción, pero no lo es. En octubre, la revista Science publicó un estudio en el que afirmaba que ya se han patentado usos posibles sobre el veinte por ciento del genoma humano. “Por eso hay que desbaratar la falacia que consiste en revestir de un barniz puramente técnico aquellos temas que deben discutirse públicamente”, recalcó el científico. En la misma tónica, la Fundación Vía Libre (www.vialibre.org.ar) aprovechó para presentar el libro Libres de monopolios sobre el conocimiento y la vida.

Daniel Mundo y Juan Pablo Ringelheim –ambos de la Revista Artefacto (revista-artefacto.com.ar)– sumaron a los conceptos de Chaparro turbadores diagnósticos sobre la actual encrucijada tecnológica. “Estamos en las puertas de una transformación de lo que antiguamente se llamaba naturaleza. Por lo tanto, la cultura ya no se moverá en direcciones ‘metafísicas’; sino que lo físico mismo se fundirá con la cultura”, anticipó Mundo. Ringelheim, a su vez, se basó en James Graham Ballard y Michel Houellebecq para evaluar la posibilidad de que surjan “neofascismos de consumo que, frente al aburrimiento, la angustia y el tedio que reina en nuestras sociedades, favorezcan momentáneas explosiones de locura”.

Un DVD volaba por aquí, un pendrive se enchufaba por allá. Las PC seguían copiando a lo loco mientras el Colectivo Situaciones (www.situaciones.org) presentaba ¿Quién habla?, un estudio sobre la relación esclavizante que se establece en los call centers usando la tecnología como grillete. Y así como se integraron al debate trabajadores de ese ramo, también se escuchó la voz de jóvenes que viven en las villas de la Capital cuando el grupo se refirió a un experimento que llevaron a cabo en la vía pública. Testearon si la gente se detenía a hablar con chicos de los barrios pobres. “Les pedíamos la hora y nada. Les dijimos que éramos de la UBA y tampoco, ni bola. Sólo se frenaban cuando les decíamos que éramos parte de una campaña de Adidas”, relató un morocho de zapatillas espaciales.

El intercambio no paró: hubo videoconferencias, radio en vivo, talleres con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MocaSe) y el Frente de Lucha Mapuche; fotografías de la cooperativa sub y aportes de académicos como Alejandro Kaufman y el hostigado pero feliz Horacio Potel (ver aparte). Quien quisiera podía tomar el micrófono y difundir propuestas que considerara valiosas, incluyendo desde recetas hasta ideas alrededor del erotismo. Todo con la música en vivo de bandas como The Kyoto Connection, Timotteo y la recién formada Orquesta La Tribu. El panorama –hay que decirlo– no podía ser más distinto del de los encuentros “antipiratería” que propicia la industria. En vez de una sintonía uniforme, se puso en escena un mosaico de verdades complementarias. Y la libertad de cometer errores producía adrenalina, no temor. Un panelista sintetizó ese espíritu citando el Manifiesto Tardío del poeta vasco Joxe Azurmendi: “Porque éste es el último engaño:/ Nos han hecho creer/ que tenemos que justificar el querer ser libres,/ antes desde fuera, y ahora desde dentro./ Como si para ser libre/ hiciera falta permiso de nadie…”.

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