Archive of April 2009


Thu 30 Apr

Contra el monopolio de las ideas

fuente: público.es

Decenas de ejemplos muestran que la competencia y la imitación son la base del avance científico.

Mientras reparaba una Newcomen (máquina de vapor usada en las minas), James Watt tuvo la idea de aprovechar la expansión del aire calentado por el vapor de agua para convertir la energía térmica en mecánica. Ocurrió en 1765 y, rápidamente, Watt patentó su idea. Los libros de historia cuentan que aquí nace la Revolución Industrial. Pero los economistas Michele Boldrin y David K. Levine dicen que lo que hizo Watt, en realidad, fue retrasarla. Según ellos, el del escocés es sólo el primer caso de una larga serie que muestra cómo las patentes no ayudan a la innovación, sino que la frenan.

Watt, tras una serie de mejoras, inició el proceso para patentar su idea. Con la ayuda de Matthew Boulton, un rico financiero con buenas conexiones en el Parlamento de Londres, consiguió la patente en 1769. Desde entonces y hasta que expiraran los derechos sobre ella, todo el que necesitara una máquina de vapor debía pagarles una cantidad. Watt dedicó los siguientes años a perseguir judicialmente a los que intentaron copiar su máquina. También demandó a inventores que, ya antes que él, trabajaban en sus propios diseños. Para Boldrin y Levine, profesores de Economía de la Universidad de Washington, la industrialización no arranca con fuerza hasta que la patente expira, en 1810.

Al patentar su máquina de vapor, Watt retrasó la Revolución Industrial tres décadas

"La historia de James Watt es un caso de daños por culpa del sistema de patentes, pero esta no es una historia inusual", se puede leer en la introducción del libro de Boldrin y Levine Against intellectual monopoly (Contra el monopolio intelectual, editado por Cambridge University Press y que también se puede descargar gratis de la página de los autores). La obra recoge decenas de ejemplos de los últimos 200 años y de todos los sectores que muestran cómo las patentes han perjudicado el avance científico y tecnológico de la sociedad moderna. Y no sólo eso, también concluyen que la competencia, el intercambio de ideas y su copia son los verdaderos motores de la innovación.

Miedo a la imitación

¿Cómo funcionan los innovadores, por qué innovan? Boldrin responde: "A pesar de que la absoluta mayoría de los economistas defiende que es imposible innovar si te pueden imitar o copiar, todas las industrias innovadoras han nacido en un entorno de mucha competencia". La creencia que sustenta la necesidad de las patentes y los derechos de autor es que, si no se les da una protección, el creador no va a innovar. "Pero debería ser algo obvio que es la competencia, y no el monopolio de ideas, lo que sustenta la creación", añade el economista.

"Todas las industrias innovadoras han nacido en un entorno de mucha competencia"

De hecho, durante los 25 años que Boulton y Watt mantuvieron el monopolio sobre la máquina de vapor, el rendimiento del ingenio (medido en su eficiencia del carbón usado) se mantuvo constante. Entre 1810 y 1835, con las aportaciones de otros inventores como Richard Trevithick (que no patentó su bomba de inyección de vapor a alta presión), el rendimiento de las máquinas se multiplicó por cinco. El aumento de potencia generada alimentó la mejora en la extracción de minerales, la industrialización del sector textil y los transportes a vapor como el ferrocarril y la navegación moderna.

Los autores del libro retan a cualquiera a que les dé un solo ejemplo de nueva industria que haya nacido gracias a las patentes. Ni el automóvil, ni la aeronáutica, ni la química, ni los textiles deben su triunfo al monopolio y sí al intercambio de ideas, cuando no a la copia. Boldrin y Levine recurren continuamente a la historia porque en la actualidad es difícil encontrar, aparte de la ciencia básica, un sector de la investigación que no esté sujeto al sistema de patentes. Nacidas en los países anglosajones, primero en el Reino Unido y después en EEUU, esta forma de monopolio sobre las ideas tardó más en extenderse por Europa, tanto en el tiempo como por los diferentes sectores.

Ese retraso continental ayuda a defender las tesis de los dos economistas. La investigación química a escala industrial tuvo, en su origen, dos aplicaciones principales: lograr tintes para los textiles y nuevas medicinas. En 1862, el mercado del tintado lo controlaban británicos y franceses (con el 50% y el 40% de la producción respectivamente). Sin embargo, en 1913, antes de comenzar la Gran Guerra, Alemania controlaba el 80% del negocio, seguida de lejos por Suiza. ¿Qué había pasado?

¿Hay sustanciales evidencias de que sin patentes no habría medicinas?

La explicación de Against intellectual monopoly es que en estos países no se podían patentar los hallazgos químicos (en realidad, y en el caso de los tintes, Alemania permitió las patentes de procesos pero no del producto final). El caso francés es revelador. Tras una sentencia judicial, la compañía La Fuchsine ejerció su patente sobre un colorante concreto (el fucsia). Temerosas de una oleada de demandas, las otras firmas galas emigraron a Suiza, tierra libre de patentes, seguidas de otras químicas. Para 1913, Francia no tenía producción propia de productos químicos.

Expolio de la química alemana

Mientras tanto, la libre competencia provocó el florecer de la industria química alemana. Aunque desde 1887 se podía patentar el proceso concreto para conseguir un producto, una vez en el mercado la competencia podía conseguir uno similar si lo hacía por otro procedimiento. Se dio la paradoja de que las compañías alemanas como Bayer, Basf o IG Farben tenían una doble ventaja sobre las británicas o estadounidenses. Por un lado, la competencia interna animaba la innovación. Por el otro, patentaban en los países donde la ley lo permitía, impidiendo así la rivalidad de firmas extranjeras.

Alemania y Suiza construyeron su poderío químico sin esta protección legal

La I Guerra Mundial lo cambió todo. Como parte de las compensaciones de guerra, Alemania tuvo que renunciar a muchas patentes registradas en EEUU y Reino Unido, cuando no se robó directamente los secretos industriales. Según cuenta el libro, el gobierno británico entregó la propiedad intelectual de una planta de la germana Hoechst en suelo inglés a la estadounidense Du Pont. EEUU fue más allá, dándole acceso a todas las patentes químicas alemanas. Hoy, Du Pont es la segunda empresa del mundo en este sector.

Boldrin y Levine reconocen que "la industria farmacéutica es el animal más complicado de viviseccionar". El coste estimado de un nuevo medicamento es de unos 1.000 millones de euros (valor del año 2000). Tal cantidad justificaría la protección de una patente. Sin embargo, los economistas se preguntan: ¿hay sustanciales evidencias de que sin patentes no habría medicinas o, al menos, habría menos y peores? Ellos creen que no.

Para defender su argumento vuelven a comparar países. Si en EEUU se patentan tanto los métodos para conseguir una medicina como el producto en sí, en la mayor parte de Europa se podían proteger los procesos y, sólo desde hace tres décadas, las medicinas (en España, desde 1986). Según esto, Reino Unido y EEUU deberían haber monopolizado la producción de medicamentos hasta 1980. Sin embargo, farmacéuticas de Alemania, Suiza, Francia e Italia están, junto a las anglosajonas, entre las 50 primeras de la industria mundial.

"No patentar es hacer una renuncia expresa a tu propiedad sobre una invención"

Entonces, ¿por qué se necesitan las patentes? Alejandro Klecker, director general de Clarke, Modet & Cº (la firma española más importante en el campo de la propiedad industrial e intelectual) está sólo en parte de acuerdo con Boldrin y Levine. "Es posible que al principio no sean necesarias las patentes", dice. Pero después son imprescindibles. "No patentar es hacer una renuncia expresa a tu propiedad sobre una invención", aclara. "Pero es cierto que las patentes y la innovación no tienen porqué ir de la mano", añade.

De hecho, una encuesta de la universidad Carnegie Mellon a directores de investigación de más de mil compañías revela que sólo un tercio cree que las patentes son efectivas. Preguntados entonces por las razones de patentar, junto al argumento anticopia, señalaron el bloqueo a otros competidores, usarlas en negociaciones, mejorar la reputación de la firma o evitar demandas.

La industria del software es un ejemplo de los usos espurios. Nacida y desarrollada en ausencia de patentes, las cosas han cambiado hoy. En EEUU los programas y procesos son patentables desde 1996. Pero, como dice el profesor Jesús G. Barahona, la innovación informática es incremental: "Un programa cualquiera puede tocar a mil patentes al menos". Esto provoca que sea casi imposible crear nuevos programas sin infringir alguna. El efecto diabólico de este fenómeno recuerda a la Guerra Fría entre las superpotencias. Igual que aquellas protagonizaron una alocada carrera armamentística nuclear, las grandes firmas (Intel o Microsoft patentan más de mil patentes al año) compran y registran cualquier idea. Las llaman patentes defensivas y, como en la disuasión nuclear, su misión es evitar la amenaza de una demanda haciendo creíble la capacidad de contraatacar.

 

Freno a la innovación

1769. La máquina de vapor de Watt
James Watt, aprovechando el trabajo de otros, patentó su sistema con la ayuda financiera y los contactos políticos de Matthew Boulton. Con la patente en la mano, pasó varios años demandando a todos los que, como él, investigaban con el vapor de agua.

1793. Plantaciones de algodón
Como Watt, Ely Whitney patentó su desmotadora de algodón, demandando a los que copiaban su idea. Pero el sistema judicial de EEUU, y más en el sur del país, no era muy eficaz. En unos meses surgieron copias más eficientes y baratas.

1876. Sin patente por diez dólares
Graham Bell patentó su teléfono horas antes que Elisha Gray. La historia es aún más injusta. En realidad, el italiano Antonio Meucci había solicitado la patente años antes. Arruinado, no pagó el coste de la renovación, diez dólares. La fama y la fortuna fueron para Bell.

1895. El 1,25% de cada coche vendido
El de George Selden es el primer ejemplo de ‘patente submarina’. En 1879 solicitó una sobre su ‘motor rodante’, una vaga idea de un coche. En 1895, cuando la industria automovilística florecía, la reflotó para exigir un porcentaje sobre las ventas.

1897. La gloria, sólo para Marconi
Isaac Newton dijo: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”, en honor a los que le precedieron. Marconi ignoró los trabajos anteriores de Lodge, Tesla o Popov, quedándose con la gloria de ‘ser’ el inventor de la radio.

1903. La máquina voladora
Los hermanos Wright (en la imagen) son considerados los primeros en realizar un vuelo completo en avión. Aunque su aportación a la aviación se limitó a mejoras en el sistema de control de vuelo, su patente de ‘una máquina voladora’ les permitió frenar la innovación aeronáutica estadounidense a golpe de juicio durante años. El rechazo a sus demandas en Francia en 1907 permitió el desarrollo de la europea.

1919. La aspirina pierde la guerra
Bayer obtuvo el ácido acetilsalicílico en 1899. La ley alemana le impedía patentar la aspirina, no así las de EEUU, Reino Unido o Francia. Tras la Primera Guerra Mundial, la firma fue obligada a renunciar a la patente en todo el mundo y a la marca en varios países.

1996. La industria del software
Cuando la Oficina de Patentes de EEUU permitió la plena ‘patentabilidad’ del software en 1996, esta industria llevaba décadas de crecimiento explosivo. Hoy, empresas de informática como IBM, Microsoft e Intel registran miles de patentes al año.

1997. Arroz basmati patentado
La empresa RiceTec patentó una variedad modificada de arroz como Basmati en EEUU. El Gobierno indio inició un juicio alegando que esto podría poner a los agricultores de la región india de Basmati en manos de la compañía de semillas. Lo ganó.


Casi medio millón de solicitudes al año ante la Oficina de patentes

1. Registro en EEUU
En 1965, la Oficina de Patentes de EEUU registró 94.629 patentes procedentes de todo el mundo (72.000 de EEUU). Durante los siguientes 20 años, dos décadas de gran prosperidad, la cifra se mantuvo en las 100.000. Pero las patentes se han desbocado en los últimos años. Si en 1995 se superaban las 215.000 registradas, 2007 acabó con 456.154 (el 60% de EEUU).

2. La discreta España
El director general de Clarke, Modet & Cº, Alejandro Klecker, recuerda que, a pesar de sus defectos, el sistema de patentes es un indicador de la investigación en un país. De ser así, España, aunque ha mejorado, está lejos de ser puntero en ese ámbito. En 2008 se registraron 3.783 patentes nacionales. Hay empresas como IBM que registran más patentes por sí mismas que toda España. La compañía estadounidense obtuvo la concesión de 4.186 patentes en EEUU.


Sun 26 Apr

¿Qué se celebra en el día mundial de la propiedad intelectual?

fuente: vía libre

Este artículo fue publicado en el diario La Nación on line, , el 26 de abril de 2009.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) es un organismo de Naciones Unidas, fundado con el deseo de “promover en todo el mundo la protección de la propiedad intelectual a fin de estimular la actividad creadora”. Ejerce esta función administrando una veintena de tratados internacionales que comprometen a los países miembros a otorgar, por ley, monopolios limitados sobre bienes intangibles como las marcas, las invenciones, las obras artísticas y otros. El 26 de abril de cada año, OMPI invita a sus miembros a celebrar el Día de la Propiedad Intelectual, alentando a reflexionar sobre los beneficios de respetar estos monopolios sin los cuales, nos advierten, no serían posibles la obras artísticas ni el progreso tecnológico.

Varias organizaciones en todo el mundo acompañan a OMPI en este mensaje. Cada vez que nos tiene acorralados en un cine, la industria cinematográfica de los Estados Unidos pretende convencernos de que bajar películas de Internet es de alguna manera parecido a robar una cartera. Por su parte, las discográficas acuden a métodos más contundentes, organizando redadas virtuales para identificar y demandar a personas que comparten música por Internet. En Europa, el lobby de las gestoras colectivas de derecho de autor logró que se prohíba el préstamo gratuito de libros en bibliotecas. En Argentina, las vernáculas SADAIC, CAPIF y ARGENTORES buscan maneras de emular a sus hermanas del primer mundo.

¿Por qué un Día de la Propiedad Intelectual?

OMPI demoró más de treinta años en sentir la necesidad de un Día de la Propiedad Intelectual. Durante todo ese tiempo, el público en general pudo ser felizmente ignorante de sus tratados: era muy raro que un individuo se tropezara con alguno de sus monopolios, porque éstos actuaban esencialmente como mecanismos de regulación industrial. Los juicios por violación de copyright tenían lugar entre editoriales o discográficas, que eran las que podían acceder a la costosa infraestructura necesaria para copiar y distribuir obras, y los procesos por violación de patentes se daban sólo entre complejos industriales.

Para el 2000, sin embargo, un número creciente de personas ignoraba deliberadamente el monopolio de copia o copyright. Personas honestas que, como bien diagnostica Hollywood, jamás robarían una cartera, compartían música y películas sin el menor remordimiento. La razón de este cambio es evidente: pasamos de un contexto en el que la producción y distribución de obras sólo era posible dentro de un marco industrial, a uno en el que la humanidad está empeñada en construir la máquina de copiar más portentosa de la historia, una copiadora universal de escala planetaria que ya está al alcance de millones de personas: Internet.

En realidad, el fenómeno de la distribución de copias a través de Internet apenas es el síntoma más visible de que el edificio construido por OMPI está colapsando bajo su propio peso. No sólo se trata de gente haciendo cosas que antes no hacía: OMPI está empeñada en ampliar la cantidad y los alcances de los monopolios, de modo que muchas cosas que siempre hicimos se volvieron ilegales de la noche a la mañana. En algunos países, disciplinas tradicionalmente libres de patentes, tales como la genética, los modelos de negocios, los algoritmos de computadoras y la agricultura están hoy loteadas en parcelas monopólicas defendidas agresivamente por sus “propietarios”. Actividades como sembrar ciertas semillas, usar ciertos algoritmos, prestar libros o compartir una canción, aparecen hoy bajo el rótulo de "delitos".

Aceptar la invitación de OMPI a reflexionar sobre el impacto de la “propiedad intelectual” en nuestra vida cotidiana requiere que contemos muchas historias. Historias muy diferentes que dan cuenta de una etapa en la que se disputa algo muy importante: el futuro del conocimiento en el siglo XXI.

La Naturaleza como infractora de patentes

Comencemos por la la historia de Percy Schmeiser, un campesino canadiense especializado en el cultivo de canola, una oleaginosa originaria de su país. Durante 40 años, Percy ha guardado parte de la cosecha de un año para sembrarla al año siguiente, tal como vienen haciéndolo incontables campesinos desde la prehistoria, tal como lo hacen hoy 1.400 millones de ellos en todo el planeta. Un día, algunos ejecutivos de Monsanto (no sabemos sus nombres) detectaron que en el campo de Percy crecían plantas que tenían el gen “roundup-ready”, del que Monsanto ostenta la patente y, por lo tanto, el monopolio mundial de producción. Percy no había comprado semillas a Monsanto: la naturaleza, ignorante como es del derecho de patentes, se había encargado de que las plantas de Percy se contaminara con los genes patentados de las que crecían en un campo cercano, propiedad de Monsanto.

No hay nada más aberrante para un monopolio que la competencia, de modo que la próxima acción de los ejecutivos de Monsanto debe haberles parecido perfectamente lógica: exigir a Percy que destruya su cosecha, y los indemnice por violación de patente. No sería inusual la historia hasta aquí: al fin y al cabo, el mundo está lleno de demandas judiciales absurdas. Lo increíble del caso es que Percy fue declarado culpable, y sólo pudo evitar una multa de 400.000 dólares luego de llevar el caso hasta la Corte Suprema, que lo eximió de ella, pero no alteró el veredicto.

El precio de la vida

Otra historia interesante con actores anónimos es la de los funcionarios de salud de la India (un país en el que el 86% de la población vive con menos de 2 dólares al día) que decidieron autorizar la producción de Glivec para tratar a más de 20.000 indios enfermos de cáncer, a un costo aproximado de 150 euros por mes por paciente. Nuevamente esta historia se cruza con la de una empresa, esta vez de la suiza Novartis, que ostenta una patente sobre el medicamento y lo vende a unos 2.000 euros mensuales: sus ejecutivos decidieron enfrentar legalmente al gobierno de la India para impedir la comercialización del genérico.

Como es común en el teatro del absurdo, ésta es una historia de actos repetidos, ya que lo mismo pasó cuando los gobiernos de Tailandia y Brasil decidieron licenciar compulsivamente las patentes de la empresa Merck sobre el retroviral Efavirenz para enfrentar la emergencia nacional del VIH. Estas licencias compulsivas están previstas en los tratados de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en la Declaración de Doha sobre Propiedad Intelectual y Salud Pública, lo que no disuadió a Merck de denunciar la “expropiación de sus derechos de propiedad intelectual”.

La biblioteca: redil de piratas

Desde el Imperio Romano, el rol de las bibliotecas públicas ha sido el de coleccionar y catalogar libros para ponerlos a disposición del público en general. Sin embargo, las editoriales europeas han decidido extender el derecho de autor por su propia mano, agregando al familiar “prohibida su reproducción total o parcial” una nueva cláusula: “prohibido el préstamo público”. La lógica esgrimida es que, si bien la biblioteca pagó por el libro, la editorial pierde una venta por cada vez que el libro es prestado, y las editoriales no están satisfechas con cobrar por cada libro: quieren cobrar por cada lector. Esta es una historia protagonizada también por contadores de historias, como Almudenas Grandes, José Saramago y muchos otros, quienes han salido a abrazar bibliotecas públicas para defender su rol social y su contribución a la difusión de la cultura.

Esta historia nos remite a la más reciente visita que la policía realizó al domicilio del Profesor de Filosofía de la Universidad de Lanús, Horacio Potel. “Usted sabrá en qué anda, profesor” le dijo el oficial, tras corroborar el domicilio del docente acusado penalmente por violación de derechos de autor por la Cámara Argentina del Libro. El objeto de la discordia es un trabajo que Potel viene realizando sin fines de lucro desde hace casi diez años: publicar en la red una colección de obras, traducciones, entrevistas y fotografías de Nietzsche, Heidegger y Derrida, colaborando así de manera importante a la difusión de estos filósofos en el mundo hispanoparlante. Muchos de los materiales que Potel reproduce y pone al alcance de cientos de miles de personas son prácticamente imposibles de conseguir en América latina, un mercado que la editora francesa que detenta los derechos no considera comercialmente atractivo.

El techo de cristal de la fama

No podemos olvidarnos de la historia de músicos como León Gieco, quien vive decentemente de las regalías de sus grabaciones fonográficas y sólo le pide a Dios que la gente no copie sus canciones sin pagarlas. León es uno de los músicos famosos que dicen, junto con CAPIF, que con cada canción que se copia desaparece un músico e impulsa medidas tales como el "Canon Digital" en Argentina. Del otro lado del Atlántico, Ignacio Escolar es miembro de una banda cuyo primer álbum vendió más de 10.000 copias. Aunque esta cifra lo coloca en el 0,7% de los músicos más exitosos de su país, Ignacio estima su ganancia en concepto de derechos de autor, luego de tres años, en 2.800 dólares. Su caso plantea preguntas importantes: ¿a cuántas personas más hubiera llegado con su música si, en vez de venderla por dinero que se llevó la discográfica, la hubiera regalado? ¿hubieran estado más llenos sus conciertos en vivo, que son los que le dan de comer? ¿qué pasa con la música de más del 99% de los músicos de su país, que no llegan a ganar ni siquiera lo que él a través de derechos de autor? Un poco más al norte, la banda inglesa Radiohead decidió publicar su álbum “In Rainbows” en Internet, a cambio de una donación voluntaria. Si bien se rumorea que la donación promedio fue mucho menos que el precio de un CD, y que muchos no pagaron nada, todo indica que el grupo ganó con este álbum mucho más dinero que con cualquiera de los anteriores.

Por cierto, está bastante bien documentado por investigadores independientes que el intercambio de archivos no sólo no perjudica la cultura, sino que crea riqueza, tal como lo expuso un informe encargado por el gobierno de Holanda y publicado en enero de este año.

Marche preso por querer usar lo que es suyo

Muchos ciudadanos de EEUU suman años de cárcel a una potencial condena cada vez que compran un DVD en Hong Kong o en Europa. Los DVDs son originales, y tanto las computadoras como los reproductores de DVD cuestan dólares bien concretos. El problema es que los DVDs son “región 3”, o “región 2”, mientras que tanto las computadoras como los reproductores que se venden en EEUU son “región 1”. En otras palabras, son deliberadamente incompatibles. Por cierto, el cifrado regional de los DVDs ya fue quebrado hace años, de modo que hay programas que resuelven esta incompatibilidad, y mucha gente los usa, pero eso no quita que la ley de los Estados Unidos impone, a través de la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), una sanción penal a la distribución y uso de tales programas.

A esta altura, usted estará pensando que la existencia de leyes de este tipo es ridícula y que de existir, seguramente no se aplican. El problema de leyes injustas que penalizan a toda la población sin distinción, es justamente ese: cuando se quieren aplicar, se aplican a discreción. Tal es el caso del Profesor Ed Felten, de la Universidad de Princeton, quien recibió una intimación por violación de la ley de Copyright cuando intentaba realizar una auditoría independiente sobre las urnas electrónicas usadas en las primarias del estado de Nueva Jersey en febrero de 2008.

Patentando el sol y las estrellas

Marilynne Eichinger, presidente del Museo de Ciencia e Industria de Oregon, pensó que sería útil ofrecer los juguetes didácticos del museo a través de Internet. La idea había sido bien recibida por el público cuando llegó una carta de SBC Intellectual Property, exigiéndole pago de regalías por el uso de dos de sus patentes. Estas patentes cubrían cierta manera de estructurar sitios web, que consiste en poner una serie de botones en la parte superior de la página, cada uno de los cuales lleva a una parte distinta del sitio (si la descripción suena complicada, el lector puede observar la parte superior de esta misma página web para entender de lo que hablamos). Por increíble que parezca, esta patente le otorga a SBC el monopolio sobre la operación de sitios estructurados de esa manera en EEUU. Marilynne pudo evitar este chantaje cambiando ligeramente el diseño del sitio, pero en un país en el que está patentado “vender por Internet”, es sólo cuestión de tiempo hasta que aparezca el próximo.

¿De qué sirve el progreso si no podemos usarlo?

Estas historias son apenas vistazos parciales de una reyerta planetaria en la que muchos de los mismos músicos que no quieren que se copie su música por Internet no pueden resistir la tentación de bajar la de otros, las editoriales y discográficas utilizan el derecho de autor en contra de los mismos autores y demandan judicialmente a sus propios clientes, los campesinos son obligados a destruir sus cosechas por criar plantas sin permiso, los Estados intentan frenar el abuso de un poder monopólico que ellos mismos garantizan, las oficinas de patentes descubren que otorgar patentes a cualquier cosa es una manera sencilla de ganar dinero, los juzgados están atiborrados de juicios por violación de patentes en áreas de la tecnología que no alcanzan a comprender, y hay personas que disputan (¡y pierden!) los derechos sobre células extraídas de su propio cuerpo ante corporaciones que las patentaron.

Todo esto en virtud del pensamiento mercantilista, que afirma que sin el monopolio como incentivo nadie crearía nada, mientras que artistas e inventores sacuden la cabeza pensando “eso es algo que sólo puede pensar alguien que nunca creó nada”.

La “propiedad intelectual” es un collage de regímenes legales muy disímiles, de modo que es difícil decir algo de ella que sea cierto para todos ellos. Sin embargo, hay una sentencia que cumple con el requisito: los regímenes de “propiedad intelectual” se han salido de madre, al punto que en ocasiones conspiran contra el florecimiento de la creatividad y el bien común que supuestamente deben fomentar. Hoy, en su día, invitamos a la sociedad a pensar si estos monopolios sobre el conocimiento que nos hemos dado cumplen realmente con su fin social, o si llegó la hora de barajar y dar de nuevo.

* Fundación Vía Libre es una organización civil acreditada como Observadora ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Desde el 2000, trabaja en software libre y acceso al conocimiento para el desarrollo sustentable.

El conocimiento no es una mercancía

fuente: página 12

CULTURA › EL EXTRAÑO CASO DEL JUICIO AL PROFESOR HORACIO POTEL

“El conocimiento no es una mercancía”

En el Día de la Propiedad Intelectual, la persecución judicial al docente que cometió el “delito” de difundir en la web textos difíciles de hallar de Derrida, Heidegger y Nietzsche debería servir para abrir un debate menos policíaco.

“Sólo una cosa es imposible para Dios: encontrarle algún sentido a cualquier ley de copyright del planeta” (Mark Twain en su cuaderno de notas, el 23 de mayo de 1903).

La noticia recorre el mundo: mientras varias instituciones celebran hoy el Día Mundial de la Propiedad Intelectual, hay un docente argentino que está siendo perseguido penalmente por haber creado dos sitios sin fines de lucro donde se podían descargar de forma gratuita textos de Martin Heidegger y Jacques Derrida. Con furor insólito, la fiscalía pidió que se allane el domicilio de Horacio Potel y se le intervengan las cuentas de mail y el teléfono; y hasta mencionó la posibilidad de enviarlo a la cárcel por un período de entre un mes y seis años. ¿Quién es Potel? Un filósofo que en 1998 se compró una computadora, se conectó a Internet y quedó fascinado: “No podía creer que existiera un medio donde cualquiera se podía comunicar a voluntad con cualquiera, donde los libros y las imágenes que tanto había amado y que tanto habían significado en mi vida estaban allí para ser distribuidos sin restricciones. En ese momento estaba apasionado con Nietzsche y me pareció una buena idea devolver esos regalos que la red me estaba dando; entre los que hay que contar a mi mujer, a la que conocí por la web en esos lejanos años”.

Aclaremos: no es que el entrevistado haya querido devolver a su esposa, sino que intentó retribuir lo que había recibido del ciberespacio generando proyectos en los que el dinero no fuera una condición para acceder a textos fundamentales. “El primer sitio –Nietzsche en castellano, nietzscheana.com.ar– está por cumplir una década, y tuvo más de tres millones de visitas”, puntualiza. A partir de aquel éxito surgió la idea de abrir páginas similares sobre Derrida y Heidegger. “Jacquesderrida.com.ar y heideggeriana.com.ar eran bibliotecas públicas online que gracias a una denuncia iniciada por la corporación local de fabricantes de libros de papel –la Cámara Argentina del Libro– y promovida por el agregado ‘cultural’ de la Embajada de Francia en Argentina, hoy ya no existen”, señala el profesor.

Lo cierto es que si quien conversa con Página/12 resulta ser un criminal para la Justicia, el problema es serio. Con modales tranquilos, Potel responde dejando entrever una bronca que no excluye ocasionales giros de humor ácido, un combo que parece coincidir con las reacciones que generó en los demás su llamado a la resistencia. Porque es posible que éste sea un hombre en apuros, pero no está solo: lo apoyan incontables blogs, un grupo en Facebook con más de dos mil ochocientos miembros, académicos, filósofos, estudiantes, investigadores, periodistas y ONG. En el Reino Unido, el grupo Copy South –de la Universidad de Kent– le dedicó un muy buen informe que está en kent.ac.uk/law/copysouth/es/hora cio_potel_es.htm. El abogado Leonardo Hernández está representando a Horacio sin cobrarle, porque sabe que su defendido no tiene un mango. Es que, después de todo, sus páginas ofrecían una completa relación de los textos de tres filósofos clave, además de fotos, biografías, comentarios y enlaces. Un auténtico tesoro para el lector tercermundista.

–El 31 de diciembre de 2008 Raúl Alejandro Ochoa, apoderado de la CAL, inició esta causa considerando que usted había violado la Ley 11.723, de Propiedad Intelectual. ¿Cuál es su situación ahora?

–Estamos esperando que el juez me llame a declaración indagatoria. Supongo que no ordenó aún las medidas que pidió el fiscal: intervención de mi teléfono y mis mails, y el allanamiento de mi casa. Tras dos meses de habernos enterado de la existencia de este juicio, el acostumbramiento nos sacó a mi mujer y a mí del constante infierno de estar temiendo que en cualquier momento un grupo de policías se meta en nuestra casa y se lleve las computadoras que –ambos somos docentes universitarios–, son una herramienta de trabajo.

–¿Cómo era su vida en épocas más tranquilas?

–Estudié Arquitectura en la UBA y luego como hobby empecé filosofía, la cual me atrapó y lo sigue haciendo, aunque ahora eso de “atrapar” haya tomado un matiz un poco preocupante. Actualmente trabajo en la Universidad Nacional de Lanús, donde dicto Etica y Metodología. En el campo de la investigación me estoy dedicando casi con exclusividad a Derrida y publiqué algunos trabajos sobre él. También me aboqué a Nietzsche y Heidegger. En el fondo, mis web son una especie de mapa de mis lecturas.

–Es evidente que se están oponiendo dos concepciones. Una que entiende que la filosofía y sus textos son mercancía y otra que estima al filosofar como un derecho universal. ¿Cómo jugarían esos valores en este juicio?

–Pienso que lo que se generó excede el ámbito de la filosofía. Se está discutiendo, directamente, el futuro de la difusión del conocimiento. El Parlamento Europeo dijo que “el analfabetismo electrónico será el analfabetismo del siglo XXI”, y desde este punto de vista, permitir que corporaciones oscurantistas preocupadas por sus balances empiecen a cerrar las bibliotecas digitales es asegurarnos un futuro de mayor ignorancia, y por tanto de mayor sometimiento y desigualdad. En Sudamérica no nos podemos dar el lujo de acceder a los reclamos de estos sectores, que al estilo de revividos luditas no titubean en destruir las nuevas máquinas del conocimiento en su afán de seguir ganando dinero con procedimientos artesanales.

–Tampoco las bibliotecas de papel están pasando un buen momento...

–No se hace nada por fomentar las bibliotecas del siglo XX, que están desabastecidas y desactualizadas hasta grados lamentables. A la vez, preventivamente, se empiezan a cerrar los embriones de las bibliotecas futuras. El acceso a los libros de papel se volvió imposible debido a los precios en euros. Además –y aun cuando se esté dispuesto a pagar las fortunas que piden– no hay dónde hallarlos fuera de Capital o alguna ciudad importante como Córdoba. En el interior son muy pocas las librerías especializadas en algo que no sea la venta de bestsellers y libros de autoayuda. Eso sin contar que los títulos pasan siglos agotados hasta que el fabricante dueño del copyright percibe que puede ser un buen negocio volver a publicar.

El ataque legal comenzó con una queja de la compañía francesa Les Editions de Minuit –que posee derechos sobre una parte de la obra de Derrida– y contó con el apoyo de la embajada francesa. “Que yo sepa –se embala Potel– la fábrica o artesanía Minuit no publicó libros aquí. Sin embargo, la colaboración de la CAL le permite concretar un ardid del más claro colonialismo, al negarnos el acceso a dos de los más importantes filósofos del siglo pasado.”

El acusado tomó conocimiento de la denuncia mediante la visita de un policía al que le encargaron chequear su domicilio. “Usted sabrá en qué anda”, respondió el agente cuando se le consultó el motivo. La causa lleva el número 57.627 y actúan el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº 37 y la Fiscalía 49 de la ciudad de Buenos Aires. Cayeron sólo los sitios sobre Heidegger y Derrida, ya que el fallecimiento de Friedrich Nietzsche ocurrió en 1900 y ya pasaron los setenta años establecidos por la ley para la conservación de los derechos del autor.

–Al menos Nietzsche zafó. Igual, es como si se pretendiera encerrar al pensamiento...

–Es un secuestro de Derrida y Heidegger. De eso se trata, de la desaparición de su legado para miles de personas que no tienen el dinero que les piden los “dueños”, o que simplemente no encuentran sus trabajos. Sobre esto el mismo Derrida fue muy claro, y permítame citarlo: “Heredo algo que también debo transmitir: ya sea algo chocante o no, no hay derecho de propiedad sobre la herencia”.

–Le planteo un juego filosófico: ¿qué cree que habría dicho Sócrates sobre lo que le está pasando? ¿Y Heidegger? ¿Y Derrida?

–Es difícil aventurar qué habrían pensado Sócrates o Heidegger, ya que no conocieron Internet, aunque Heidegger la haya previsto de algún modo. En todo caso yo no pienso beber la cicuta. Sí podemos aventurar la respuesta de Derrida al jefe de la CAL, que alegremente afirmó en un matutino que sin copyright no habría producción intelectual. Le diría que el conocimiento no es una mercancía, es una transmisión, una traducción, una tradición, una herencia, que como tal me preexiste. Lo que trae como consecuencia que el texto singular se independice de su supuesto autor para devenir máquina productora, diseminante del sentido, separada de la conciencia y por tanto de las intenciones y de la plenitud del “querer–decir” de éste, y de cualquier otro que quiera erigirse en el dueño.

Da para seguir pensando. Por lo pronto, los efectos que pueda tener la avanzada sobre el resto de los internautas invita a recordar aquellas palabras de Martin Niemöller que casi siempre se atribuyen erróneamente a Bertolt Brecht: “Cuando vinieron a llevarse a los comunistas/ guardé silencio/ porque yo no era comunista (...) cuando vinieron a llevarse a los judíos/ no protesté/ porque yo no era judío./ Cuando vinieron a buscarme/ no había nadie más que pudiera protestar...” El perseguido resume: “Ojalá todos tomemos conciencia de que éste es uno de los más graves problemas que enfrenta la cultura. La red aguantará. Quizá los textos de Derrida y Heidegger ya no sean tan fáciles de encontrar. Pero sus fantasmas no se dejarán conjurar tan sencillamente”.


Tue 21 Apr

Los usuarios que descargan música son aquellos que la compran

fuente: noalcanon

En el día de la fecha ha sido publicado un estudio realizado por la Norwegian School of Management, respecto a los hábitos de los usuarios y la relación entre la descarga de música y la compra de la misma.

Los resultados contradicen radicalmente el harto escuchado discurso de las empresas discográficas. Los mismos, afirman que quienes descargan música a través de redes P2P, son 10 veces más propensos a comprar música que quienes no lo hacen.

El estudio fue realizado a casi 2000 jóvenes con más de 15 años, todos ellos usuarios de Internet. El mismo también afirma que los jóvenes entre 15 y 20 años, prefieren pagar por una descarga que comprar un CD.

La principal particularidad del estudio fue la metodología para comprobar que un usuario compraba música: mientras otras investigaciones similares confiaban en la palabra de los encuestados (y esta era la principal oposición de las discográficas a los resultados), en este caso aquellos que afirmaban haber comprado música debían comprobarlo a través de facturas, tickets, o similares. De esta forma, se dio mayor legitimidad a los resultados.

A pesar de ello, Rogstad Bjørn, de EMI, afirmó que no se puede saber con certeza si las descargas “gratuitas” estimulan a las descargas de pago, y afirmó, sin dar más detalles, no confiar en los resultados.

Las empresas discográficas siguen negando lo que cada vez está más claro: que el usuario que descarga música de Internet es consumidor de cultura, y está dispuesto a pagar por ella regularmente (que es muy distinto a “siempre”) sin sentirse un delincuente por una u otra situación.

Es cierto que no hay una certeza al respecto, de la misma forma que no hay certeza de que un canon solucionará los “problemas de la cultura”, de que si escucho a Marilyn Manson me visto de negro, o de que un niño que se rie es feliz… o de prácticamente, como decirlo, cualquier cosa que ocurre en el universo. No hay certezas, lo que hay son pruebas y cada vez más claras. Los argumentos de las discográficas se caen a pedazos, y son meras afirmaciones apoyadas en su poder para repetirlas hasta el hartazgo en medios masivos, a ver si nos convencen por cansancio.

En fin, para muchos de nosotros los resultados no son ninguna novedad. El estudio es un apoyo más a las ideas que venimos comentando desde creación de este blog: que la persecución a través del canon (u otras iniciativas similares) no tiene nada que ver con promover la cultura, es un impuesto que asume presunción de culpabilidad y persigue a los mismos usuarios que consumen dicha cultura.

Fuentes:
  • http://www.aftenposten.no/kul_und/musikk/article3034488.ece
  • http://arstechnica.com/media/news/2009/04/study-pirates-buy-tons-more-music-than-average-folks.ars
  • http://www.guardian.co.uk/music/2009/apr/21/study-finds-pirates-buy-more-music
  • http://www.historiasdequeso.com/2009/04/los-%E2%80%9Cpiratas%E2%80%9D-resultan-ser-los-que-mas-adquieren-musica-por-la-via-legal.html

Mon 20 Apr

El portátil YeeLoong de Lemote, el primer portatil completamente libre

fuente: solognu

El primer portátil que funciona con software libre exclusivamente, no es necesario ningún tipo de firmware no libre e incluso la BIOS es libre. Es un mini portátil de pantalla TFT LCD a 8.9”. Viene equipado con una CPU, de diseño Chino basado en la arquitectura MIPS, llamado Loongson 2F 64bit a 900MHz. Tiene un consumo de 20 W y 12 W para la versión con disco solido. Más información de característica en la página web del fabricante Chino Lemote.

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Según un distribuidor de Holanda, Tekmote Electronics, estarán disponible para mediados o finales del próximo mes de diciembre a un precio base de unos 300€. Viene de serie con Debian. La Free Software Foundation ya está buscando colaboradores para sus planes de portar gNewSense a la arquitectura MIPS del procesador Loongson 2F.

Stallman desde el mes de mayo tiene un prototipo. En su estancia en China contacto, de forma casual, con gente de Lemote. Le comentaron que estaban desarrollando un portátil que no necesita software no libre, basado en una CPU de arquitectura MIPS. Según comenta en la entrevista donde habla del prototipo, tiene algunos problemas con, por ejemplo, su alto consumo de energía; en el momento de dichas declaraciones sólo existía un prototipo en desarrollo.

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